|
En
Español
June 30, 2006
My brothers and Sisters,
If one is to believe all that is being written in the secular and religious
press and by the bevy of bloggers on the internet, one would have to assume that
we are facing immediate schism and the end of the Anglican Communion as we have
known it.
We do face challenges, but let me
assure you that we are a long way from the dire predictions coming from various
corners of the globe and the usual group of “nattering nabobs of negativity” to borrow a phrase. Be
not anxious.
For my entire Episcopacy and for
most of my ordained ministry, we have faced
controversy – in many instances it is just a new challenge at the same
locale. My friends, we cannot become paralyzed.
I value Anglican Communion, I value
the work we have done with members of the Communion as a Diocese, as congregations
and as individual members, and I know
that we, as the Diocese of Long Island and as individuals, congregations and
members, are valued, in turn, by the Communion because, to quote from the
Archbishop of Canterbury, “an isolated local church is less than a complete
church.” But let me emphasize that I more deeply value who we are as The
Episcopal Church because our democratic decision-making processes define us as a
Church, and I hold office as your bishop due to those processes. We must
be true to the Church that we are, and we cannot be defined by others.
You have often heard me say that
I am in “middle management.” In that
role, I am charged with leading this Diocese and all within its boundaries to be
faithful to the Gospel of Jesus Christ and to be mission-minded as we go about
carrying out our ministry. Alternative primatial oversight, alternative
Episcopal oversight, regular primatial oversight for those who wish to remain
when others depart are but a few of the plethora of questions that canon law
scholars, theologians and chancellors from around this church will be wrestling
with for years to come. I will let others work on those weighty decisions
and go on about my middle management work and ministry, and I encourage you to
do likewise.
While working at my desk today,
I prepared a request for an extension of a
religious worker’s visa for a priest of this diocese. In that request, I
described the relationship and interdependence of The Episcopal Church and the
Church of that Province. I pray that the immigration officer is not
reading the newspaper, thereby making a premature assumption that my statement
is not accurate. There is so much at stake here on all levels, and this
immigration matter is but one small but important example.
In closing, I ask that you pray
for the unity of the Church, to pray for our Primate and Primate-elect, for
the leaders of the Anglican Communion, and for
all who feel excluded and marginalized, no matter their location on the
religious political spectrum, and finally to pray that we, as faithful
witnesses, may carry on while this current storm rages on about us. Pray
for the Church.
O God the Father of our Lord Jesus Christ,
our only Savior, the Prince of Peace: Give us grace seriously to lay to heart
the great dangers we are in by our unhappy divisions; take away all hatred and
prejudice, and whatever else may hinder us from godly union and concord; that,
as there is but one Body and one Spirit, one hope of our calling, one Lord, one
Faith, one Baptism, one God and Father of us all, so we may be all of one heart
and of one soul, united in one holy bond of truth and peace, of faith and
charity, and may with one mind and one mouth glorify thee; through Jesus Christ
our Lord.
Amen
The Right Reverend Orris G. Walker, Jr.
Bishop of Long Island
30 de Junio de 2006
Una palabra de su Obispo
Mis hermanos y hermanas,
Si uno fuera a creer todo lo que
se escribe en la prensa religiosa y secular, ademas de la abundancia de comentarista
del Internet, uno debiera creer que
estamos frente a un cisma que significaría el fin de la Comunión Anglicana tal
como la conocemos.
Si, estamos enfrentado en estos
momentos desafíos, pero permitame asegurarle
que estamos muy lejos de las predicciones mas oscuras que desde diferentes
partes del mundo se han hecho por el conocido grupo de vocales “maestros de la
negatividad”. No se ponga ansioso.
En todo mi episcopado y por casi
todo mi ministerio como sacerdote, nos hemos enfrentado a la controversia
- en muchas maneras, esta controversia de hoy, es
solo un desafío nuevo en un lugar conocido. Mis hermanos, no podemos dejarnos
paralizar.
Valoro la Comunión Anglicana, valoro el trabajo que hemos hecho con miembros
de la Comunión como Diócesis, como congregaciones y como miembros individuales,
y se que nosotros, como Diócesis de Long Island y como individuos,
congregaciones y miembros, se nos valora por la Comunión por que, citando al
Arzobispo de Canterbury, “una iglesia aislada es algo menos que una Iglesia
completa”. Permitanme enfatizar entonces, que aun mas valoro a la Iglesia
Episcopal por que nuestro sistema democrático de toma de decisiones nos define
como Iglesia, y por que yo ocupo esta posición de Obispo debido a esos mismos
procesos democráticos. Tenemos que ser auténticos al definirnos como la Iglesia
que somos, y no podemos ser definidos por otros.
Ustedes me habrán escuchado decir que yo me ocupo de “administración a nivel
medio”. En ese rol, se me ha encargado que dirija esta Diócesis y a todos dentro
de sus fronteras a ser fieles al Evangelio de Jesús Cristo y ha tener como
primera prioridad la misión cuando llevamos a cabo nuestro ministerio.
Supervisión Primacial Alternativa (APO), Supervisión Episcopal Alternativa
(DEPO), supervisión primacial regular para aquellos que desean mantenerse en la
comunidad cuando otros se marchan, son solo algunas de las muchas preguntas que
los especialistas en ley canónica, teólogos y cancilleres de esta Iglesia van a
tener en su agenda por muchos años por venir. Yo dejo que otros consideren estas
serias preguntas y continuo con mi trabajo como “administrador medio” en el
trabajo y el ministerio, y los animo a que hagan lo mismo.
Hoy, mientras estaba sentado en
mi escritorio, preparaba una extensión de la
visa de religioso de un sacerdote de esta diócesis. En esa solicitud, describía
la relación y la interdependencia de la Iglesia Episcopal y la iglesia de esa
provincia en el extranjero de donde venia originalmente el sacerdote. Ruego que
el oficial de inmigración no este leyendo el periódico y por lo tanto asuma que
lo que declaré no es correcto. Hay tantas cuestiones importantes en peligro
ahora mismo a todos los niveles, y esta cuestión de inmigración es solo una
pequeña, pero no por ello menos importante.
Para cerrar, les pido que oren por
la unidad de la Iglesia, oren por nuestro presente primado Frank y nuestra
primada electa Katherine, por los lideres de la
Comunión Anglicana y por todos los que se sienten excluidos y marginalizados,
sin importar su ubicación en el spectrum religioso-político y finalmente ruego
que nosotros, como testigos fieles, podamos continuar con nuestro trabajo
mientras nos rodea la tormenta. Oren por la Iglesia.
Oh Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nuestro único Salvador, el
Príncipe de Paz: Danos gracia para que de corazón consideremos seriamente los
grandes peligros en que nos hallamos por nuestras desdichadas divisiones. Aparta
de nosotros todo odio y prejuicio, y cuanto pudiere impedir una santa unión y
concordia; para que así como no hay más que un Cuerpo y un Espíritu, una
esperanza de nuestra vocación, un Señor, una Fe, un Bautismo, un Dios y Padre de
todos, así seamos todos de un corazón y una alma, unidos en vínculo sagrado de
verdad y paz, de fe y caridad, y con una mente y una voz te glorifiquemos; por
Jesucristo nuestro Señor. Amén. (L.O.C. pagina 708)
|